Atrevida, estratégica y decidida a romper con la lógica tradicional de la moda. Así es la mente detrás de Zevra, la marca española que promete revolucionar el concepto de los bolsos tal y como los conocemos. Hablamos con María García Montes, fundadora de Zevra.
★ Tu historia no parece haber sido fácil. ¿Cómo fueron tus inicios?
No lo fue. Tuve fracaso escolar y 16 mudanzas. Me aburrían las clases y perdí completamente la motivación. No estaba pasando por un buen momento y eso se reflejaba en todo.
Quiero agradecer públicamente a mi tutor y profesor, José Luis Merino, del colegio Maristas de Chamberí. Fue un apoyo fundamental en mi último curso de secundaria. Gracias a su acompañamiento pude recuperar algo de confianza y ganas por seguir adelante.
★ ¿Cuándo sientes que todo empieza a cambiar?
Todo cambió cuando empecé a formarme en moda y marketing. Ahí entendí algo importante, que no era falta de capacidad, era falta de estímulo. Cuando el entorno encaja con tu mente, todo se transforma.
De repente, no solo estaba motivada, sino que destacaba claramente por encima de la media en creatividad, visión e ideas. Siempre lo digo: o estás un poco “como una cabra” y la gente te ve así, o no destacarás. Si tu idea no provoca que alguien piense que estás loca o que es imposible, probablemente no sea suficiente.
★ ¿Sentiste apoyo desde el principio?
No siempre. La gente de mi alrededor —incluso algunos familiares— no confiaban en mí. Y lo entiendo. Cuando no sigues el camino convencional, generas dudas.
Pero para mí era simple: o apostaba por mí, o no lo iba a hacer nadie.
Siempre he sido ambiciosa. Demasiado ambiciosa. Con demasiada hambre de hacer cosas grandes. De emprender. De construir algo propio.
★ De pequeña, ¿qué soñabas ser?
De pequeña no quería ser profesora ni cantante. Quería ser rica. Suena gracioso, pero lo que buscaba no era dinero; era libertad e independencia.
Necesitaba soltar las inseguridades que arrastraba desde pequeña. Sentía que si lograba construir algo grande, algo propio, podría demostrarme a mí misma que sí era capaz.
Siempre pensé que, si hay personas que lo consiguen empezando desde cero, estadísticamente existe la probabilidad. Y yo no podía vivir sin intentarlo, por lo menos una y mil veces más.
Prefiero fracasar intentando algo grande que vivir preguntándome qué habría pasado si me hubiera atrevido.
★ ¿Cual fue el momento concreto que marcó el inicio de Zevra?
Cuando decidí acudir a mi psicóloga, Mireia Montesinos. También quiero agradecerle por abrirme los ojos en el momento perfecto.
Yo tenía un auténtico caos en la cabeza. Me estaba hartando del marketing y volvía a echar de menos la moda. Pero, al mismo tiempo, tampoco quería renunciar al marketing. No quería elegir. Sentía que ambas formaban parte de mí.
Entonces me dijo: “Vale, no te preocupes”. Cogió un papel y empezó a escribir.
“Tienes moda y marketing. Busca un producto y emprende.”
Yo siempre había querido emprender. Siempre. Pero jamás había visto la oportunidad real de hacerlo hasta ese momento. De repente, todo encajaba. Podía capitalizar el paro y utilizar ese dinero para construir algo propio. Una marca. No sabía todavía de qué, pero sabía que era el momento.
Cogí el metro de vuelta a casa. Mientras me miraba en el reflejo de las puertas del vagón y pensé: “A ver, ¿Qué llevamos siempre encima?”
Un bolso. Y ahí me di cuenta. Fue inmediato. Me enamoré de la idea antes incluso de saber cómo iba a ejecutarla.
★ ¿Y cómo llegaste a la conclusión para inventar un bolso tan rompedor?
Empecé dibujando varios bocetos en una hoja. Eran bonitos, originales… pero normales.
Mi amiga Irene Zorrilla me escribió por privado y me dijo: “Es muy bonito, lo compraría, pero eso lo puede hacer cualquier marca, y me mató.”
Tenía razón. Era bonito, pero no era una ida de olla. Seis minutos después, tuve la idea: Dos bolsos unidos de una misma correa y en el centro de unión, el logo de la marca.
Me fui directa al taller de Laura Martín, en Fuenlabrada. También agradecimiento y mención a ella. Donde anteriormente hice mis prácticas de moda. Le llevé el prototipo en papel y celo, bastante cutre, para que entendiera el concepto y pudiera ayudarme con el patrón.
Lo miró, cogió unas tijeras y me dijo: “¿Te importa que lo rompa?”
Cortó los dos bolsos por la mitad y me dijo: “¿Y si consigues que también se pueda usar sólo uno de los dos?”
Ese mismo día fui a ver a Noelia Bravo, mi amiga de confianza. Ella me dio la idea de unirlos con botones. Más tarde, al llegar a casa, mi pareja entre risas dijo: “¿Y si las solapas se pudiesen quitar y poner?”
Y ahí se cerró el círculo.
Un año después, tras pruebas, errores y ajustes, conseguimos el concepto final: un bolso que se adapta a las tendencias, que te permite elegir la capacidad que necesitas —uno o dos— y que cambia de color y estampado intercambiando las solapas.
No era un bolso más. Teníamos entre manos un sistema. El de Zevra.
Entrevista editorial.
ZEVRA®
Madrid, 2026.

